El polvo seguía en el aire como un velo sucio, flotando en las últimas luces del atardecer.
Allá abajo, en la arena, Ishtar se mantenía en pie, tambaleante pero firme, mientras su contrincante yacía inconsciente, rodeado de ayudantes que se apresuraban a sacarlo del campo.
Su pecho subía y bajaba pesadamente, y en su mirada ardía algo que no era simple satisfacción. Era algo más primitivo. Salvaje.
Desde uno de los balcones de piedra, Mike Callahan soltó un silbido agudo, sacudiendo la cabeza c