― ¡Mi Dios, Dylan! ¿Qué te ha pasado? ―le digo toda preocupada, mientras lo tomo por el brazo, ya que está a punto de desmayarse.
Así que lo incorporo en una silla y trato de ver en dónde lo hirieron, pero parece que no es su sangre, sin embargo, noto que tiene algunos moretones en su cuerpo.
― ¡Sheldon, ven por favor, es Dylan! ―le grito desesperada y este viene solícito.
―Pero ¡qué demonios, Dylan! ―dice algo turbado y entre ambos tratamos de llevarlo a la habitación.
― ¡No, tú no! ―me grita