―A lo mejor tú te alegres, pero yo no estoy ni un poquitito feliz con tus tonterías, ¿sabes? ―le espeto cabreada, a sabiendas de que no puedo hacer nada por deshacerme de su agarre―y ya deberías de dejar de ser tan abusivo, solo porque soy más pequeña que tú―le suelto.
Pero, en lugar de lograr que le dé vergüenza lo que le acabo de decir y que me suelte, me acerca y me da un beso.
―Lo siento―se limita a decirme―pero todo era necesario―me asegura y ahora sus palabras me tienen anonadada.
―Pues,