―Pero ¡qué poco romántico que eres! ―le digo algo enfadada―y si me lo preguntas, si la razón por la cual quieres estar conmigo es que quieres liberar tu estrés, pues, no, muchas gracias―le señalo, mientras me incorporo en la cama y él me mira y suspira.
―Está bien, comprendo―se limita a decirme―sin embargo, no me negarás el que te pueda abrazar, después de todo, me he esforzado por complacerte―me recuerda todo frustrado.
―Sí―le respondo y respiro profundo.
Pero, en lugar de colocarse detrás de