CAPÍTULO 7. TODAS LAS PUERTAS CERRADAS
El gerente de la sucursal bancaria no la miraba a los ojos.
Ese fue el primer indicio de que algo andaba mal. El señor Vargas, un hombre que minutos antes parecía dispuesto a evaluar los documentos financieros de Elena, ahora revisaba la pantalla de su computadora con un ligero e inusual sudor perlando su frente.
—Señorita Rinaldi... —comenzó, cerrando de golpe la carpeta con los registros de la exitosa cafetería que ella había construido en Lunareth—. Entiendo la urgencia médica de su madre. Y