CAPÍTULO 44
No sabía qué creer en ese momento. Edward me había dicho tantas cosas sobre Santiago que parecían tener sentido, pero no tenía pruebas de nada y Lo único que tenía claro era que, después de todo lo que había pasado, Santiago ya no era alguien confiable para mí.
Le pregunté a mi secretaria quién había dejado la carta. Necesitaba saber si ese mensaje venía de alguien cercano o de un desconocido. Ella revisó el registro y negó con la cabeza.
—No lo conozco, señorita Paulina —me dijo—. Solo vino un mensajero, dejó el sobre y se fue. No dio más detalles.
Eso me inquietó más. No supe cómo interpretar esa información ¿Una amenaza o una ayuda?. Pero tampoco quise seguir pensando en Santiago. Para mí, él ya no tenía importancia.
No pensaba tener una vida real a su lado. Solo estaba cumpliendo por obligación.
Salí de la oficina a de inmediato necesitaba pensar, crei que ese era el lugar pero me di cuenta que era un error yo quería estar sola, aunque fuera unos minutos. Pero no lle