CAPÍTULO 43
La actitud de Santiago era inaudita,
—¿Cómo sabías que Edward estaba en la oficina? ¿Me estabas espiando?
Santiago frunció el ceño, molesto
—¡No cambies el tema!
Me solté muy enojada y lo empujó
—¡Por supuesto que lo cambio! Tu no tienes derecho a espiarme, no tienes derecho a vigilar que hago y no hago
— Soy tu novio, tu futuro esposo ¿Porque me mientes?
Lo miré directo a los ojos.
—¿Y que querías? Comprobar lo que te he dicho hasta el cansancio, que amo a Edward —le dije enojada — Pues si, Edward estuvo conmigo en la oficina. Me llevó algo de comer porque no había almorzado y punto.
Su expresión se volvió más dura.
—No quiero a ese hombre cerca de ti —respondió—. Ese fue el trato para liberarlo de la carcel
Negué de inmediato.
—Estás equivocado. El trato fue casarme contigo, Santiago. Nunca hablamos de que yo tenía que dejar de amar a Edward. Eso jamás lo discutimos porque en mi corazón nadie decide.
—No voy a dejar que él nos separe —me dijo, apretándome los brazos de