Capítulo 31
El auto seguía avanzando sin control y yo apenas podía sostener el volante. Mis manos temblaban, sentía la garganta cerrada y los ojos llenos de lágrimas, nunca había sentido tanta adrenalina en mi vida.
Miré a Edward y estaba pálido, con la cabeza inclinada hacia un lado y la sangre corriéndole por el brazo.
—Edward, por favor… despierta —le dije, dándole una palmada suave en la mejilla, necesitaba que me diera el control del auto.
No reaccionó.
Tuve que moverme rápido. Desvié el a