Capítulo 30
Miré a Crystal fijamente, Ella estaba alterada, casi temblando y no era bueno para su bebé
—Crystal —le dije—, no tienes por qué preocuparte. Edward es un buen padre y le dará a tu hijo el lugar que merece. Pero necesito que me dejen en paz. Los dos. Yo no quiero volver a estar en medio de nada. Solo quiero rehacer mi vida con Santiago. Eso es todo.
Ella frunció el ceño y noté cómo Edward endurecía la expresión al escuchar el nombre de Santiago.
Su mirada cambió de inmediato. Esa cara de celos que tantas veces había visto en él. Pero esta vez no me afectó.
Me di media vuelta y busqué a Santiago. Lo encontré conversando con unos inversionistas, pero en cuanto vio mi cara, dejó todo a un lado.
—No puedo seguir aquí —le dije—. Llévame lejos. No quiero estar más en esta fiesta.
—Claro —respondió—. Solo dame dos minutos. Necesito hablar con ellos y ya nos vamos.
Asentí, aunque por dentro sentía que ya no aguantaba ni un segundo más.
La presencia de Edward y Crystal, sus mira