Capítulo 87
Me quedé paralizada en cuanto vi aquella pantalla de computador, ahora tenía mucho más sentido que hacía Ana María en esta oficina.
Giorgio se acercó de regreso, acomodándose la camisa como si nada hubiera pasado, odiaba su maldito ego, la manera en la que pensaba que podía solucionar todo en un chasquido.
—Aléjate de ella —le dije muy enojada al darme cuenta la clase de hombre que podía llegar a ser.
Se quedó sorprendido unos segundos. Luego sonrió, mis palabras no le parecieran