—Acudirás... ¿acompañado? —preguntó la mujer a los pies del conde, evidentemente perpleja—. ¿Por quién?
El conde miró hacia lo alto de las escalinatas, y Sarah siguió su mirada. Pero antes de que la mujer pudiera verla, Tess se ocultó tras una columna, conteniendo el aliento. Cuantas menos personas supieran de ella, ¿no sería más sencillo huir?
—¿Entonces es cierto que volviste con una mujer? —la voz de Sarah sonó alterada, como si se sintiera traicionada—. ¿Todos esos absurdos rumores sobre la