“>>DÍGAME QUE SE QUEDARÁ CONMIGO<<
Le había pedido él con voz fuerte y autoritaria, apretándole la mano y mirándola como si temiera que ella desapareciera.
Su rostro estaba cubierto de sudor, su cuerpo se estremecía en la cama, y los grises ojos ya no tenían brillo; parecía un hombre al borde de la tumba. Pero a pesar de su falta de fuerza, sostenía la mano de Tess con una firmeza sorprendente.
Temiendo que muriera, ella sostuvo con ambas manos la muñeca temblorosa del hombre moribundo, se acer