La atmósfera del banquete cambió drásticamente para Tess después de las imprudentes palabras de la duquesa, que guardó silencio durante el resto de la cena tras la advertencia silenciosa del conde. Sin embargo, Tess notó que esa “metida de pata” había transformado la velada; empezó a percibir detalles que antes le habrían pasado desapercibidos. La extraña rigidez de Alexander de la Poer al hablar de su esposa, los cuchicheos que recorrían la mesa en murmullos apenas audibles, y las miradas que