Tess abrió los ojos con el alba. Despertó a la misma hora de siempre, a las seis de la mañana, y lo primero en que pensó fue en la ropa que debía arreglar ese día.Se quiso levantar y salir deprisa para comenzar a trabajar. No obstante, apenas se alzó sobre los codos, recordó todo súbitamente. Las caderas le dolían para moverse, un dolor tirante y ardiente que la hizo reprimir un gesto. Los brazos del conde la envolvían por la cintura, manteniendo su espalda pegada al pecho desnudo de él.Volteó sobre el hombro, observando la cara pacífica del hombre, con las pestañas proyectando sombras bajo los ojos cerrados.Al verlo dormir tan tranquilamente, después de haberla tomado con violenta fiereza toda la noche, sin tregua ni descanso, Tess sintió un profundo odio por él. Sin embargo, en su interior, una chispa de valentía ardía. Deseó con todas sus fuerzas poder escapar…Escapar.La idea surgió de la nada, como un rayo iluminando la oscuridad. Con el mayor cuidado posible, deshizo el abra
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