Sello de sangre.
Todos los cuerpos de los lobos yacían en el suelo destripado y sin cabeza, mientras Eros dejaba que Naím se desangrará poco a poco.
—fuiste muy astuto, nadie es tan inteligente como tú, pero nadie es más que yo—
—¿por qué me estás contando todo esto?— lo mira fijamente
—por qué voy a matarte, así que necesito que sepas todo—
—¿Crees que me matarás y pasará como pasa con cada lobo?—
—Es que después de hoy, sé que me descubrirán, tal vez no desde que lleguemos a casa, pero sí en unos días tomaré