Narrador
Rowan no podía creer lo que veían sus ojos.
En el momento en que entró por completo en la oficina y vio a Astrid sentada detrás del enorme escritorio, su mundo pareció inclinarse fuera de su eje. Sus ojos se abrieron de forma incontrolable, la incredulidad lo dejó congelado en el lugar. Ella estaba sentada en la silla giratoria como si la hubiera poseído durante años: piernas cruzadas con naturalidad, brazos plegados sobre el pecho, postura relajada pero dominante. No había nada tentat