Astrid
Estaba sentada frente al espejo, observando mi reflejo enmarcado por el suave resplandor de las luces del tocador. La doncella se movía con destreza, aplicando polvos en mis mejillas, suavizando líneas que en realidad no existían, delineando mis ojos para que parecieran más definidos y hermosos. Mis manos descansaban sin fuerza sobre mi regazo, mientras el vestido burdeos se ceñía a mi cuerpo resaltando todas mis curvas. Rosa realmente tenía buen gusto para la moda, y me alegraba haber d