Aiden
Me sentaba solo en el comedor, con la larga mesa extendiéndose ante mí. Las velas ya estaban encendidas, sus llamas firmes. La comida permanecía tapada, enfriándose minuto a minuto.
Miré mi reloj de nuevo.
Habían pasado unos minutos desde que pedí a las criadas que fueran a buscar a Astrid para la cena.
No había transcurrido tanto tiempo, pero aun así sentía el pecho apretado. Había enviado a la criada a informarla, y esta había regresado diciendo que Astrid venía en camino. Sin embargo,