Astrid
Llegué al final de la escalera y me detuve en seco.
Aiden ya estaba allí.
Por alguna razón, no esperaba que me estuviera esperando. No sabía por qué; tal vez porque una parte de mí había asumido que mantendría la distancia esta noche, tal como habíamos acordado mantener todo... contenido. O tal vez porque todavía estaba en silencio enfadada con él. Furiosa, si era honesta. Él había sido quien sugirió que nada más podía pasar entre nosotros, y sin embargo también era el motivo por el que me había permitido imaginar cosas, cosas suaves, peligrosas, que no tenían derecho a existir.
Me aclaré la garganta y continué caminando, obligando a mis pies a moverse aunque mi pecho se apretara.
Sus ojos ya estaban sobre mí. Firmes. Inquebrantables. El peso de su mirada seguía cada paso que daba, y por mucho que me dijera que no me importaba, mi piel se sentía demasiado cálida bajo ella.
Alcé la barbilla y sonreí al llegar a él, una expresión practicada que había perfeccionado a l