Astrid
Una satisfacción profunda floreció en mi pecho al observar las reacciones de Rowan y Selena. Exactamente como lo había imaginado, tal vez incluso más dramático.
Tenían la boca abierta, los ojos muy abiertos por la sorpresa, la incredulidad escrita claramente en sus rostros. Lo vi todo: cómo la sorpresa los paralizó en el sitio, cómo la duda se coló casi de inmediato. Intentaban convencerse de que esto no era real, de que solo era una cruel coincidencia, de que la mujer que tenían delante solo se parecía a la omega que habían descartado y destruido.
Los observé mientras intercambiaban miradas rápidas, cada uno preguntándole en silencio al otro: ¿Tú también estás viendo esto?
Una sonrisa lenta y satisfecha se extendió por mis labios.
No había nada más gratificante que ver a mis enemigos mirarme como si hubieran visto un fantasma. Durante tres años, yo había vivido en sus sombras, en su culpa, en sus miedos no expresados. Y ahora, aquí estaba yo: viva, erguida, radiante e intocabl