Selena
Lo vi suceder lentamente, dolorosamente.
La atención se apartó de Rowan y de mí, de mi momento, del día que se suponía que era nuestro, y se posó en Astrid y su Alfa como polillas atraídas por una llama. Las mismas personas que minutos antes se agolpaban a mi alrededor, elogiando mi vestido, llamándome la futura Luna, ahora pasaban junto a mí como si ya no existiera. Estaban más pendientes de Astrid.
Mi corazón se apretó con fuerza dentro del pecho.
Algunos ni siquiera podían acercarse a Astrid, así que se quedaban a distancia, mirándola con admiración. Escuché claramente sus susurros.
—Los hombres poderosos siempre eligen a las mujeres más bellas.
—Mírala… parece que nació para ser Luna.
—Se ve tan grácil y elegante.
Cada palabra se sentía como una bofetada.
Ya no parecía mi ceremonia de compromiso. Parecía una celebración en honor a Astrid, conmigo reducida a un adorno de fondo. Había esperado tres años por esta noche. Tres largos años. Y de alguna manera, Astrid había lograd