Selena
Me senté en el borde de la cama, con una pierna cruzada sobre la otra, mientras mis dedos rozaban distraídamente la tela de los vestidos que colgaban ordenadamente frente a mí. Dorado, marfil, rojo vino intenso… cada uno cuidadosamente seleccionado, cada uno destinado a hacerme brillar mañana. Al fin y al cabo, era mi compromiso. Sin embargo, cuanto más los miraba, más apretado sentía el pecho.
Mi mejor amiga, Mira, estaba a unos pasos de distancia, prácticamente radiante mientras revisa