Selena
Me senté en el borde de la cama, con una pierna cruzada sobre la otra, mientras mis dedos rozaban distraídamente la tela de los vestidos que colgaban ordenadamente frente a mí. Dorado, marfil, rojo vino intenso… cada uno cuidadosamente seleccionado, cada uno destinado a hacerme brillar mañana. Al fin y al cabo, era mi compromiso. Sin embargo, cuanto más los miraba, más apretado sentía el pecho.
Mi mejor amiga, Mira, estaba a unos pasos de distancia, prácticamente radiante mientras revisaba los vestidos con entusiasmo.
—¿Puedes creerlo? —dijo, con la voz rebosante de emoción—. Después de tres años de retrasos, discusiones y excusas, por fin te vas a comprometer. Mañana darás el primer paso real para convertirte en Luna.
Solté un pequeño bufido. —Solo es una ceremonia de compromiso —respondí, con un tono más cortante de lo que pretendía—. No es como si la ceremonia de Luna fuera a celebrarse pronto.
Mira se detuvo y se giró para mirarme. —Selena, vamos. Eso sigue siendo una victo