Astrid
La sospecha se enroscó con fuerza en mi pecho mientras miraba el sobre en mis manos.
Todo dentro de mí, cada instinto que poseía, me gritaba que echara a Alana de mi habitación de inmediato. La parte impulsiva de mí quería exactamente eso: abrir la puerta, señalar hacia afuera y recordarle muy claramente que no era bienvenida aquí. Tirarla fuera junto con su sobre. No le debía cortesía, conversación ni la extraña actuación que había decidido montar esa noche.
Pero no lo hice. Me quedé pe