Astrid
Entré por completo en mi habitación mientras la empleada se retiraba en silencio, cerrando la puerta tras de sí. El suave clic resonó en el silencio, dejándome al fin sola. Un largo suspiro de alivio escapó de mí mientras el peso del día se asentaba finalmente sobre mis hombros.
Sin perder tiempo, comencé a quitarme el traje. La tela se deslizó de mi cuerpo pieza por pieza: primero tiré la chaqueta sobre la cama, luego me quité la blusa, después el pantalón, hasta quedar solo en ropa int