Aiden
Me detuve justo dentro de la sala secreta, dejando que Gary cerrara las puertas detrás de nosotros, antes de que mis ojos se posaran en Alana. Ella ya estaba sonriendo —no, sonriendo con sorna— hacia mí, con las piernas cruzadas despreocupadamente sobre la mesa como si el lugar le perteneciera. Solo esa imagen hizo que mi ceja se contrajera ligeramente. Algunas personas temían esta habitación; ella la trataba como si fuera un salón de descanso.
Gary me siguió con cuidado y tomó su posició