Selena
Llevaba tanto tiempo mirando la pantalla que los números empezaban a difuminarse. Filas de datos, limpios y organizados, eran mucho más fáciles de manejar que las personas. Al menos los números no te juzgaban. No susurraban a tus espaldas. No te miraban como si supieran algo que estabas desesperada por enterrar.
Mi teléfono vibró sobre el escritorio junto al teclado.
Fruncí el ceño y miré el identificador de llamada.
Mira.
Dudé un segundo antes de contestar.
—¿Qué pasa? —pregunté, mant