Astrid
Estaba sentada sola en mi oficina, con la puerta cerrada, las persianas a medio bajar, pero mi mente estaba en cualquier lugar menos allí.
Por más que intentara concentrarme en la pila de documentos sobre mi escritorio, mis pensamientos seguían volviendo a la noche anterior. Esa noche. La primera noche en que Aiden y yo habíamos cruzado de verdad una línea que nunca podría deshacerse. El recuerdo surgió sin invitación, envolviéndome como una niebla embriagadora.
La forma en que su voz se