Astrid
Estaba en medio de una reunión de la junta directiva cuando sentí ese tirón familiar e indeseado en el borde de mi conciencia.
Rowan.
Incluso sin levantar la vista, sabía que sus ojos estaban sobre mí. Los sentía, pesados e inquebrantables, como si intentara memorizar cada uno de mis movimientos. Cuando por fin alcé la mirada, ahí estaba él, sentado entre los miembros de la junta de lo que alguna vez había sido su empresa y que ahora, sin duda alguna, era mía. La ironía no se le escapaba