Aiden
No podía dejar de caminar de un lado a otro.
Mi oficina se sentía demasiado pequeña, las paredes se cerraban sobre mí mientras iba de un extremo al otro, giraba bruscamente y volvía a empezar. La escena de la otra noche se repetía en mi cabeza como un castigo que yo mismo me había impuesto. Cada paso que daba parecía arrastrar el recuerdo con una claridad brutal.
Había estado tan cerca de besar a Astrid.
Más cerca que nunca. Esta vez no había sido algo unilateral, no se había construido s