Aiden
Las flechas seguían llegando.
Silbaban a través del aire nocturno desde distintas direcciones y ángulos, golpeando los costados del coche con impactos secos y violentos. Los sonidos resonaban con fuerza a nuestro alrededor: el metálico repiqueteo y el raspar de las astas contra la carrocería.
Yo no me moví. Toda mi atención estaba puesta en Astrid.
Ya la había atraído contra mí, protegiéndola con mi cuerpo desde el instante en que la primera flecha impactó. Un brazo rodeaba con fuerza su