Mundo ficciónIniciar sesiónEs sólo cuando llegamos a su habitación que finalmente me deja en el suelo, casi arrojándome sobre la cama con una fuerza que me roba el aliento de los pulmones. Me esfuerzo por sentarme, con el corazón en la garganta mientras lo veo caminar a lo largo de la habitación, con las manos apretadas en puños de nudillos blancos a los costados.
—Lo siento—







