Lo único que hace con su mirada, es hacerme sentir culpable por acostarme con su esposa, ya que si él sigue vivo, Isabel no es ninguna viuda.
—Ay hijo mío —lo abraza y llora, claro que ella se vio afectada con su falsa muerte.
—Nos pondremos al día luego, ¿Vale? Quiero ver a mi esposa —le avisa y raramente mi madre acepta.
Tal vez la idea de perder a su hijo la hizo recapacitar, como si es mejor que ellos hagan los que le haga feliz.
Alejandro se voltea para vernos y se aproxima, pero yo p