Tras aquella inquebrantable promesa nos dispusimos a disfrutar de una cena preparada en un restaurante chino. Me encantaba la comida china, no al mismo nivel que la italiana, pero se acercaba bastante.
—¿Te gusta el lugar? —me pregunta Alexander viendo con detalle mis ojos iluminados con destellos notorios en ellos—. Sé que te gusta este tipo de comidas.
Su mirada se hizo intensa y profunda, ese azul lleno de deseo era lo que me gustaba ver de él hasta que me veía como una presa.
—Me encanta, ¿