Preferí caminar de regreso a mi casa y encontrar la manera de entrar sin despertar sospechas entre mis vecinos involucrados y metiches.
Una pinza para el cabello fue suficiente para meterme y dejar todo en la sala antes de subir a mi habitación.
El recuerdo de Alexander estaba en todas partes: el sofá, la cocina, el baño y sobre todo mi habitación.
Por un momento quise borrar todos esos recuerdos con él, en casa, en el trabajo y en los viajes.
Subí escalones por escalones con total desaliento,