Manuel me miró con una espléndida sonrisa en su rostro. Sus aires seguían siendo los de siempre: guapo, amable, llamativo como un buen plato de cinco estrellas acompañado de su delicioso vino.
Este era Manuel Smith, un hombre lleno de sorpresas y pronto estaría a punto de darme una muestra de algunas de ellas.
—¡Monería! —Dijo, saludándome con una gran sonrisa—. ¿Cómo estuvo el viaje? Tráeme buenas noticias, y no preguntes cómo lo sé.
—¡Manuel! ¿Cómo estás? —Grité como loca, colgándome de su cu