Esa noche fue la más pesada del mundo para mí, desde las llamadas de Alexander hasta las palabras de Mike que resonaban continuamente en mi cabeza.
Por suerte el sol salió rápido, aunque no pude descansar nada después de las vueltas y vueltas del niño por todos lados de la cama y sus continuas patadas. Le agradecí al cielo que al menos pudiera descansar media hora después de quedarme dormido.
Y cuando pensé que podía cerrar los ojos para dormir un poco más, Mike llamó a la puerta y al escuchar