Manuel caminó hacia la puerta sin mostrar un atisbo de la preocupación que realmente sentía.
Lo vi sonreír y recibir algo que pronto nos trajo.
—¡Llegaron las hamburguesas! —exclamó Manuel, repartiendo a cada uno lo que le correspondía.
Nos pusimos cómodos y mientras nos acostábamos, con la última noche sobre nosotros y la decepción de volver a casa, nos quedamos dormidos en medio de la película.
El primero en caer fue Alexander, estaba exhausto y se le notaban unas ojeras debajo de los ojos qu