—¿Qué demonios…? ¿Por qué estás aquí?
—No contestas mis llamadas, me ignoras, me cambias por Manuel, te digo mis sentimientos y no te importa, ¿qué diablos te pasa?
—Desperté de mi sueño, eso me pasó —lo vi de mala gana —cuando significabas muchas cosas para mí, te burlaste de mí, ¿sabes cuántos empleados se rieron de mí? Y simplemente no reaccionaste.
—Está prohibido tener una relación entre un jefe y un empleado.
—Sólo para mí.
—No.
Las respuestas se hacían con cada vez con menos interés por