Capítulo 56. Invitación
Isabelle se levantó de la silla, sentía las piernas entumecidas por el tiempo que llevaba sentada y por la actividad fogosa de la noche anterior con Leandro. Solo recordar todo lo que habían hecho encendía su cuerpo y le hacía desear perderse de nuevo entre las mieles del amor y olvidarse hasta de su nombre; sin embargo, eso tendría que esperar. No iba a desviarse de sus objetivos y cada momento tenía su tiempo.
—¿Puedo pasar?
Isabelle miró a Marco en el umbral de la puerta, traía dos tazas de