El sol no salió tanto como hizo que la niebla sobre el puerto deportivo se volviera de un amarillo enfermizo y amoratado.
Marcus no había dormido. Ni un solo minuto.
Había pasado toda la noche caminando de un lado a otro por la sala de estar, sus pies descalzos pegándose ligeramente a los caros pisos de madera que llevaba tres meses atrasado en pagar. Cada vez que cerraba los ojos, veía esos números parpadeando en su pantalla.
0-4-4-2-9-1.
Era como un hechizo mágico. Una secuencia que iba a bor