Ohh... Ohh... Ah... ¡No! ¡Más!
Tener a este ángel que viene del mismísimo cielo arrodillado frente a mí aceptando mis condiciones es la puta felicidad en envase XXXXL.
Si digo que no me sorprendió verlo en mi habitación dorada, sería blasfemar y debería ir a pagar mis pecados bañándome en agua bendita. Es que todo fue un golpe de adrenalina desde que lo vi y que no crea que no noté que quería escapar.
Cuándo Christine me avisó que mi paquete estaba entregado en la habitación, las ganas de saber cuál era el regalito de Russe