SABRINA
Luego de regresar a Nueva Delhi, tomamos el vuelo hasta Roma y de allí, yo seguiría hasta California… sola. Las cosas estaban graves para Leo y, aunque fuera egoísta de mi parte, en lo profundo deseaba que Alina y él tuvieran la oportunidad de vivir su propio cuento de hadas.
Sin embargo, Piero tenía razón y ninguno de los dos debíamos intervenir… aún, para que ese par se diera cuenta que había algo muy poderoso que los uniría de por vida, aunque se detestaran.
Al llegar a casa, lo prim