PIERO
—No es difícil de comprender. —Se encogió de hombros y con los ojos cristalizados, se abrazó a sí misma—. Me iré por un tiempo, en el que espero sanar mis heridas y cerrar muchas páginas inconclusas de mi vida.
—No puedes irte y dejarme a mi suerte, mi amor…
—Lo siento, pero es algo que necesito hacer. —Suspiró y supe que no habría modo de hacerla cambiar de opinión.
—¿Por qué no vienes conmigo a París? —propuse y negó—. Entonces me quedaré aquí, a vivir contigo si no quieres ir a Francia