PIERO
Abrumado, salí de la oficina de seguridad con la intención de ir a buscar a Danna y pedirle cuentas.
—¿Dónde vas? —preguntó Leo, frunciendo el entrecejo preocupado.
—A pedirle explicaciones a Danna.
—Te llevaré porque en estas condiciones, no puedes conducir —avisó, señalándome con la mano. Estaba temblando por la rabia que me produjo haberme enterado que mi propia hermana me traicionó.
Solo subí a su coche y él lo puso en marcha, conduciendo hacia la casa de mis padres.
—¿Por qué crees q