SABRINA
Él suspiró y llevó la cabeza hacia atrás, removiendo sus labios mientras en su cuello se notaba un ligero movimiento que aludía a la impotencia por no saber cómo seguir, hasta que pareció relajarse y una leve sonrisa se asomó en sus labios.
Volvió a mirarme y prosiguió:
—Precisamente porque nada de eso pudo suplir tu ausencia, es que te busqué de manera incansable por estos cincos años, Sabrina —lo miré desconcertada, como si estuviera bromeando conmigo—. Si no me crees, pregúntale a Ge