PIERO
Al día siguiente, a duras penas me había desprendido de las sábanas y acudí al estudio con el propósito de hundirme en trabajo. Alrededor de la media mañana, mi móvil repicó de manera insistente y al mirar en la pantalla, el nombre de Lucio me indicó que Leo ya lo había puesto al tanto de la situación.
—¿Cómo te trata la vida de casado? —intenté sonar normal y lo oí sonreír.
—Hola, Piero.
—Hola, Lucio. ¿Cómo estás? —pregunté, recostándome en el sillón y mirando el techo.
—Creo que no much