Punto de vista de Talia
Faltaban tres días para el Rito de Caza y cada vez que respiraba durante el entrenamiento me ahogaba.
Me entregué en cuerpo y alma a las prácticas, pero apenas lograba seguir el ritmo. Sin mi loba, cada movimiento era torpe y desacompasado. Mi resistencia se agotaba más rápido que nunca y terminaba cubierta de sudor y jadeando antes de que los demás parecieran siquiera cansados.
Me obligaba a igualarlos, pero cada sesión concluía conmigo tirada en el suelo, exhausta. Era