Punto de vista de Talia
El sol matutino caía con fuerza sobre el campo de entrenamiento; hacía calor, pero aún no era agobiante. Della estaba de pie a mi lado con un arco en la mano.
—Concéntrate, Talia —dijo con suficiencia mientras la cuerda crujía. Soltó la flecha y el proyectil se clavó con un golpe seco justo fuera del círculo pintado—. ¡Maldición!
Solté una risita y saqué mi propia flecha del carcaj.
—Se supone que debes enseñarme, no fallar a propósito.
—Cállate. Fue culpa del viento —se