Punto de vista de Nolan
Las puertas de la enfermería se abrieron de golpe mientras entraba con Talia en brazos, y las sanadoras se acercaron a toda prisa al ver su cuerpo inerte.
—Por aquí —indicó una de ellas, guiándome por el pasillo—. ¿Qué pasó?
—La envenenaron con acónito. Ya se le administró un antídoto —respondí mientras las seguía.
Acosté a Talia en la cama más cercana. Me resistía a soltarla, pero me obligué a hacerlo. Se veía tan frágil. Su estado había empeorado; los labios se le habí