LAURA JENNER
Salimos los dos del coche mientras él lo aparca en el sótano. No puedo evitar que se me dibuje una sonrisa en la cara. Entramos en el ascensor cogidos de la mano. Pulsó el botón hasta su planta.
—¿Estás bien?—, le oí preguntar.
—Sí. ¿Por qué?—. Me quedé confusa al saber por qué me preguntaba eso.
—Por nada. Es sólo que .... estás sonriendo y me coges de la mano. No es que no me guste. Me encanta. Pero, ¿es una broma?—, me preguntó mirándome divertido.
—No. No lo es—, respondí tímid